Depresión y ansiedad, ¿debo preocuparme?

Depresión y ansiedad

Los trastornos depresivos y de ansiedad comparten ciertas similitudes que pueden generar confusión. Ambos desórdenes tienen orígenes cognitivo-conductuales distintos y una complicada relación: la ansiedad puede acabar en depresión y la depresión puede provocar ansiedad.

 

Ansiedad natural y ansiedad clínica

La mayoría de seres humanos hemos sentido más de una vez ansiedad. Y es que no es más que la respuesta fisiológica del cuerpo ante una posible amenaza, es una reacción al miedo: un examen, un cambio de trabajo, hablar en público, en definitiva, cualquier situación estresante. Típicamente se manifiesta con un acelerón de la frecuencia cardíaca, tensión muscular, respiración rápida, insomnio… pero hay algunas personas que se llegan a sentir así la mayor parte del tiempo.

Las personas que sufren el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAD) se sienten ansiosas y preocupadas constantemente y los factores estresantes se amplían más allá de lo “razonable”.

Las preocupaciones pueden ser tan intensas e irracionales que llegan a interferir en la vida cotidiana. Este tipo de ansiedad puede manifestarse con las clásicas palpitaciones pero derivar en episodios más graves que incluyan nauseas, sudor frío, mareos, temblores, respiración entrecortada, ataques de pánico, incluso fobia social o agorafobia.

 

Estar triste no significa tener una depresión

Perder a un ser querido, una ruptura amorosa o un fracaso profesional pueden provocar tristeza, soledad, desazón y apatía. Estos sentimientos son de lo más normales, ¿quién no se ha sentido triste alguna vez? Sin embargo, cuando los síntomas de tristeza son muchísimo más profundos y se prolongan en el tiempo ya no hablamos de un estado transitorio si no de una depresión. Aunque hay muchos tipos distintos de depresión la forma más común es la Depresión Mayor. Solo en España la sufren 2,4 millones de personas. La Depresión Mayor se caracteriza por una sensación de tristeza abrumadora que desencadena una pérdida de interés por la mayoría de actividades diarias. También afecta al apetito (puede generar más hambre de lo normal o una inapetencia total) y provocar fatiga constante, trastornos del sueño, sentimientos de culpa, pensamientos negros recurrentes, entre otros síntomas.

 

Hablar con un profesional

El origen de ambos trastornos puede ser variable aunque se sabe que hay personas con cierta predisposición genética a sufrirlos. Además, el estrés ambiental, las enfermedades y los traumas también pueden desencadenarlos. Por suerte, depresión y ansiedad son tratables con la ayuda de un especialista. El primer paso es detectar los síntomas cuanto antes y pedir ayuda sin dudarlo: se puede empezar con el entorno de confianza, hablar del tema con amigos y familiares, consultar la opinión de un farmacéutico y tratarse finalmente con un sanitario especializado en salud mental.

Para un consejo más personalizado, no dudes en contactar con tu farmacéutico Alphega o escribirnos tus dudas aquí

 

 

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